Vamos a hacer un ejercicio mental, cierren los ojos, ¿qué imagen se les viene a la mente cuándo les digo “funcionario diplomático?… yo me imagino a hombres y mujeres de punta en blanco con un comportamiento impecable, conocedores de la cultura y protocolo de los países donde han sido enviados, preparados para enfrentar cualquier diferencia a través del derecho diplomático, consular. Funcionarios que hablan varios idiomas y que se esfuerzan en prepararse y estudiar para servir con honor a la nación.
Ahora vayamos a la realidad, de esos funcionarios quedan pocos, los funcionarios diplomáticos de carrera, que estudiaron en su mayoría “relaciones internacionales”, que entraron por concurso a la cancillería y que para ascender eran evaluados por un Jurado Calificador, éste tipo de funcionarios le presta servicio a la Nación, al Estado y resuelve los problemas de un forma profesional. Su misión es proteger y representar al Estado, porque para él los gobiernos pasan, él es un funcionario de carrera y si no fuese por el empeño de éste gobierno en destruirlo todo, esos funcionarios empezarían por ser “terceros secretarios” hasta llegar a ser “Embajadores”.
Pero no, éste gobierno quiere seguir dañando una de las instituciones más importantes del País, quiere terminar de destruir al Servicio Exterior, y su primer paso fue nombrar a Nicolás Maduro como Canciller, pues él sabe de relaciones exteriores lo que yo se de física cuántica. Ya se ha aprobado además en primera discusión la reforma de la Ley de Servicio Exterior y cómo titulara una de sus entrevistas la prensa de la AN, esa aprobación “…facilita la selección de embajadores comprometidos con la nueva realidad mundial” aunque yo lo hubiese dicho mejor, embajadores comprometidos con la revolución. Embajadores rojos, rojitos, sin importar su preparación, solo importa que digan que si a todo, así eso atente contra la Nación.
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