“El poder es la capacidad de controlar la conducta de otra gente”, y esta relación que se establece posee al menos dos dimensiones el grado de poder, es decir hasta que punto la conducta de un individuo es controlado por otro y la amplitud o campo de poder, que son los tipos de conducta en que logra influir otro individuo o grupo. (Huntington, 1964, p. 124).
Visualizado el poder en el ámbito del Estado, se lo puede concebir como la energía o potencia que desenvuelve la entidad estatal para la realización de su fin propio. El poder estatal para su realización requiere de una determinación específica, de una fuerza humana que lo concrete, que lo impulse, para lo cual, se establecen órganos cuyos actos legítimos se atribuyen, precisamente, al Estado.
El poder del Estado es uno sólo, por lo que constituye una impropiedad hablar de poderes, más bien, se debe señalar que él se descompone en funciones, tareas u oficios para efectos de su realización, coordinadas por una estructura superior, que es la Constitución.
Lo que existe, por lo tanto, es una distribución del poder estatal en diferentes funciones y órganos, los que se encuentran orgánica y funcionalmente relacionados a través de una serie de intervenciones recíprocas que juegan el papel de equilibrios, limitantes frenos y contrapesos a la operación funcional de cada uno de ellos.
El poder militar en su definición exacta, es la fuerza física y la posibilidad de poder imponer la voluntad mediante ella, no solo a elementos externos sino dentro de su mismo Estado. El tener a su disposición todo el armamento bélico y la tecnología de guerra, bajo la premisa de ser el instrumento del Estado que ejecuta la violencia de una forma legal e institucionalmente establecida, hace del poder militar un arma muy peligrosa, que requiere necesariamente algún tipo de control para que este no se convierta en la autoridad única del Estado, sino que sea solo su instrumento.
El mayor o menor poder que pueda tener la institución militar depende del control político que se le imponga, es decir, cuanto se puede reducir y hasta que límite puede llegar el poder militar. Este control es ejercido por el poder civil conformado por el liderazgo político legal y legítimamente establecido dentro del Estado.
El poder militar en Venezuela hasta 1958 se confundió con el poder político, El poder civil había sido incapaz hasta ese momento de organizar un sistema que mantuviese al militar subordinado a los intereses políticos. El poder militar en Venezuela a pesar de no ser numeroso, había tenido una de los más altos grados de intervención en la nación. (Putman en Machillanda, 1988, p. 130).
“Para profesionalizar a las fuerzas armadas y delimitar con exactitud sus responsabilidades y deberes con respecto al estado democrático, se definieron claramente en la Constitución de 1961, los reglamentos militares y la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas. En el propio documento del Pacto de Punto Fijo leemos “las fuerzas Armadas son un grupo apolítico, obediente y no deliberante, y para reafirmar los principios en que se fundan, se intensificará la educación institucionalista de todos sus cuadros”. (Caldera Rafael en Belmonte A, 2002).
A partir de 1973 cuando el componente armado derrota militar y políticamente a la subversión guerrillera, demostrando su profesionalismo haciendo gala de su destreza operativa debió luego de eso ser tratado bajo un control civil objetivo, autónomo. Este control civil objetivo es directamente opuesto al control civil ejercido en Venezuela y el que aún pretende ejercer el estamento político venezolano, hablamos de un control civil subjetivo pues se les permitió a los militares intervenir en la política doméstica y/o internacional. El partidismo aumentaba su presencia y al mismo tiempo controlaba el factor militar, negando una esfera militar independiente que intenta ser moderna.
“Los militares de 1973, propusieron un control civil objetivo, pero la clase dirigente por desconocimiento, ignorancia o incapacidad, lo negó”, (Op. Cit. p. 63). La carencia de conocimientos sobre lo militar y la historia partidista no le permitió ver al estamento civil la demanda del militar profesional venezolano. Los partidos políticos con su afán de tener control total sobre los asuntos militares llevaron a los cuadros medios de la organización armada al descontento.
Desde 1998 cuando asume el poder Hugo Chávez las críticas que mantuvo sobre la política betancourista y puntofijista sobre los militares se acentúan aún más, a tal punto de cambiar uno de los factores claves de la relación poder político-poder militar que se resumían en el artículo 132 de la Constitución de 1961, donde claramente es expresada la subordinación de las Fuerzas Armadas al poder civil, y donde se establecía el carácter no deliberante del componente armado. Se establece entonces una especie de ambigüedad e imprecisión.
Se amplían competencias del poder civil sobre el militar, se eliminan los grados de autonomía de los anteriores componentes para crear una “Fuerza Armada Nacional”, y se liga a la organización militar con una postura política ideológica (el proyecto bolivariano), y además se ha incorporado el debate político en el seno de la institución ya que a nivel constitucional (por omisión del tema), los militares pueden ser deliberantes.
“Consecuente con la historia política del país, en este gobierno igual que en los anteriores períodos democráticos, es ostensible la presencia sustantiva del sector castrense en las decisiones políticas trascendentales”, lo cual explica en gran medida además de la modificación parcial de la relación poder civil – poder militar y la ideologización del sector castrense, la crisis militar y política que vive el país.
Una muestra de la crisis militar se vio el pasado 13 de abril, donde los militares gritaban y cantaban tal cual “FAN” enamorada en un concierto, alabando y demostrándole su apego ideológico con el “patria, socialismo o muerte”, cosa que evidencia que ya no contamos con una Fuerza Armada Profesional que se rige por la constitución y leyes de un país serio, y no se trata ni siquiera de una “guardia pretoriana“, ahora vemos una montonera bien armada que no defiende a un Estado-Nación, sino que defiende a un hombre y a una ideología.
Ese cuerpo armado perdió lo poco de dignidad, perdió lo poco del respeto que aún tenía hacia si misma. Perdimos el dinero invertido en todos esos oficiales de carrera y sub-oficiales… estamos manteniendo a los defensores de una revolución, que deberían ser los defensores de nuestra soberanía, tenemos militares burócratas que se hacen ricos detrás de un escritorio, adjudicando contratos y dirigiendo el poder del Estado que debería ser administrado por civiles, usurpa todos los espacios ciudadanos en vez de estar en los cuarteles gritándole a los reclutas… aquí los militares sueñan con las mieles del poder, que trae consigo mucho dinero y segundos frentes, aquí ya no hay soldados. Solo nos queda una FAN enamorada que es capaz de llegar a la habitación del hotel donde está su ídolo y regalarle el virgo.

Revolución, Fuerzas Armadas, FAN
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