Lo individual vs. Lo colectivo

13 02 2008

“Lo colectivo está de moda”, he escuchado en varias ocasiones. Muchos son los que han salido corriendo a formar cooperativas con sus familiares o amigos más cercanos para “agarrar aunque sea fallo” o los que piensan que además de haber conseguido el “negocio” gracias al crédito, también tienen que formar un consejo comunal para no solo manejar ingresos sino también tener acceso al poder de decisión en la comunidad. Esa movilización colectiva sin una planificación y sobre todo sin una “formación ciudadana” se definirá simplemente como la nueva forma de resolverse la vida entre unos cuantos amigos y con aval del Estado.

Es muy común hablar de pueblo, de sociedad o colectivo como si eso que lo compone fuese algo uniforme y con vida propia, y lo cierto es, que esa “masa” está conformada de individuos que tienen que tener una motivación propia o personal para poder moverse en pro de lo grupal. El pensamiento, el conocimiento y la experiencia la aprehendemos y procesamos de forma totalmente individual, por ende, la formación y educación del ciudadano debe profundizar en los valores propios, para que a su vez, éste pueda identificarse con sus semejantes dentro de ese sistema axiológico. La confianza en lo social y en el trabajo en pro del bien común se obtendrá una vez que ese individuo que es parte de ese cuerpo colectivo internalice que nosotros como personas nos relacionamos en dos diferentes esferas: la pública y la privada.

Un país que no ha entendido que la burocracia o “tecno-burocracia” como la define García Pelayo, que es la que mantiene la estabilidad y continuidad de las políticas de Estado, es un país que no sabe cuáles son los límites entre las relaciones de los “grupos primarios de pertenencia” y “el extragrupo”. El cambiar a los funcionarios públicos cada vez que cambia el gobierno, es una señal de no querer tener una continuidad en la ejecución y administración de los planes, bienes y servicios que nos pertenecen a todos. No hemos aprendido que “los gobiernos o los hombres pasan y las instituciones quedan”.

El pensar en el bienestar individual no nos hace menos dignos ni menos solidarios y mucho menos poco cooperativos, aquí la idea es que esa motivación y esas metas individuales no mermen el bienestar de los otros y que si es posible puedan mantener cierta armonía con el bien común.

Más grave que no entender, aprehender y aplicar lo que significa trabajar en colectivo es que compremos el discurso de dejar atrás lo particular, pues lo que se necesita es el equilibrio de esas dos áreas, la identificación de los límites entre ellas y la diferenciación de los roles que cumplimos en las dos esferas.

Nunca me había sentido totalmente identificada con ningún actor político hasta entrado el año 2000 cuando empecé a interactuar con factores liberales (y a veces de forma inconsciente), y aunque el trabajo en comunidad y con grupos diversos siempre estuvo presente, sentía que mis valores, creencias y motivaciones no correspondían con ninguna tendencia política tradicional. Mi individualidad no encajaba en ese sistema de valores. Ahora desde mis creencias y con factores afines a ellas puedo sentirme parte de un colectivo.

 

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